• Jose O. Sala
  • enero 2, 2018

Cafetín de Buenos Aires

-Te acordás, Damián, la primera vez que viniste al café?…
-Cuando entraste al “templo”, pibe?…
-Roberto te preguntó… Cuántos años tenés, pibe?…
-… Sí… y contestaste diez y seis!…
-La verdad es que iba a cumplir quince…Pintura de José Marchi
-Viste?… Y que sentiste?… No han pasado muchos años… Te acordás?…
-Cómo no me voy a acordar, Telmo?…
-Estabas parado ahí, en el medio, como petrificado…
-Lo que pasa, “flaco”, es que estaba fascinado con el ir y venir de los mozos, con sus bandejas plateadas, cargadas de humeantes cafés… La música… el humo de los cigarrillos y los colores de las lámparas de los billares!…
-Fue una experiencia…
-Inolvidable… aunque te voy a decir que yo vivía aquí, a la vuelta… y cuando venía del “cole”, en lugar de ir para casa, me llegaba hasta aquí y me quedaba mirando a través de la vidriera, con “la ñata contra el vidrio”… con ganas de meterme adentro con libros y todo!…
-Pero eras muy chico, Damiancito… Y pa’entrar aquí no necesitas libros… esto es como la Universidad… Te das cuenta?…
-Sí… tenés que tomar notas!…
-Ya lo creo… Las historias de Rubén, los ejemplos del “flaco”… las inolvidables anécdotas de Roberto y las enseñanzas y empujoncitos del Telmo, para contratacar al sexo femenino!…
-Pero por lo menos, sos feliz…
-Tenés novia…
-… Y muy bonita…
-Pues, sé un buen muchacho….
-Claro que lo soy!…
-Lo más importante es que es una buena piba….
-Y que te quiere mucho!….
-Entonces con más razón, portate bien Damián, con tu familia y con la piba…
-…Y que yo no te vea agarrar un “faso”, eh?…

“Cafetín de Buenos Aires”
Tango
Música: Mariano Mores – Versos: Enrique Santos Discépolo

De chiquilín te miraba de afuera como a esas cosas que nunca se alcanzan…
La ñata contra el vidrio,
en un azul de frío,
que sólo fue después viviendo igual al mío…
Como una escuela de todas las cosas,
ya de muchacho me diste entre asombros: el cigarrillo,
la fe en mis sueños y una esperanza de amor.

Cómo olvidarte en esta queja, cafetín de Buenos Aires, si sos lo único en la vida que se pareció a mi vieja…
En tu mezcla milagrosa de sabihondos y suicidas, yo aprendí filosofía… dados… timba… y la poesía cruel de no pensar más en mí.

Me diste en oro un puñado de amigos,
que son los mismos que alientan mis horas:
(José, el de la quimera… Marcial, que aún cree y espera…
y el flaco Abel que se nos fue pero aún me guía….).
Sobre tus mesas que nunca preguntan
lloré una tarde el primer desengaño,
nací a las penas, bebí mis años
y me entregué sin luchar.

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