• Jose O. Sala
  • November 6, 2016

¡El show debe continuar!…

Si mal no recuerdo fue en 1959. Cantaba con la Orquesta de José Sala, mi padre. Y teníamos una actuación especial compartiendo el escenario con “Casaloma Jazz”, en el Club Náutico de San Nicolás. La estrella del show era nada más y nada menos que Julio Sosa. Todos estábamos expectantes del tremendo show, pues en ese momento él era sinónimo de “Tango”… y punto.

Con el público abarrotado frente al escenario y parados sobre mesas y sillas, en el único lugar donde papá, Roberto Dumas, otros músicos y yo, podíamos apreciar un poco, aunque no escuchar con calidad, era en el lado del escenario.

Roberto Dumas (arriba) y Julio Castel - Carnaval marzo 1960 en Cine Real, organizó Británica F.C.

Roberto Dumas (arriba) y Julio Castel – Carnaval marzo 1960 en Cine Real, organizó Británica F.C.

Luego de varios temas de rigor, comenzó con el tango “Nada” y el público aplaudió a rabiar, pero casi al final del “puente”, se le veía abrir la boca, gesticular, pero no se escuchaba más que a la orquesta. Solo la orquesta, hasta que de pronto volvió la voz poderosa de Julio y terminó con una ovación de esa genial interpretación de su éxito.

Como todos en el escenario, busqué un encuentro con él. Me saludó efusivamente y no pude evitar preguntarle:
-¿Qué pasó con el micrófono, Julio?…

Me observó y me dio el mejor consejo que he escuchado en mi vida musical…

-Mirá pibe… -dijo- cuando te olvidás la letra… la orquesta sigue, no escuchan, entonces seguís moviendo la boca e interpretando, hasta que el tema vuelve a tu memoria… y mirando el micrófono, seguís cantando con la misma emoción y empuje conque comenzaste!.. Y todos, como vos, le echan la culpa al “mal equipo de sonido”… Pero el show no puede parar… -Y soltando mi mano se fue sonriendo hacia el público que estaba ansioso en la escalerilla del escenario.

Esta historia trae otra amarradita por una cuerda de guitarra…

Julio Castel

Juan Julio Sala o… “Julio Castell”, la voz juvenil del tango…. en 1958

Aprendí su consejo y lo atesoro todavía… En una oportunidad me encontraba en Méjico, cantando en un “Piano Bar” de la zona Rosa, en el Distrito Federal, y la gente me pedía el tango “Uno”. Tantas veces lo pidieron que le dije al pianista que lo hiciera y arranqué con todo mi corazón… pero sabía que llegaría el momento del “fatal” olvido… Pero no tenía micrófono… Entonces, dentro de mí, comenzaron a salir palabras rimando con la parte despoblada de verso… y nadie se dio cuenta… Y mi emoción fue tan grande que solo decía…
-Gracias!… ¡Muchas gracias!… –a los interminables aplausos del público.
Definitivamente, amigos… ¡El show debe continuar!…

“San Juan, Puerto Rico
Noviembre de 2016”

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