• Jose O. Sala
  • abril 7, 2018

Nunca Más

En los años ’50, el tango pasaba por uno de sus mejores momentos. Las grandes editoriales de Buenos Aires, multiplicaban la impresión y venta de las partituras de los autores y compositores que se convertían en verdaderos éxitos. Las orquestas cambiaban su repertorio constantemente, incluyendo nuevos temas, siguiendo las exigencias del público.

Por entonces, nuevos vocalistas se incorporaban a las más importantes orquestas de Buenos Aires y el interior, muchos de los cuales, posteriormente, se convirtieron en magníficos solistas.

Los prestigiosos sellos RCA, Columbia, Odeón, TK y otros, se apresuraban a firmar contratos con los más destacados artistas, orquestas y vocalistas.

José Sala y su gran orquesta típica, fue contratada por “Columbia”, para la realización de una serie de grabaciones, muchas de las cuales aún están disponibles, incluso en producciones compartidas con otros artistas. Muchos de esos temas, fueron reproducidos en Brasil, Japón y en diversos países europeos. También grabó en Discos TK, Europhone y en otras empresas discográficas.

Entre los temas llevados al disco, y con la interpretación de Carlos Yanel (Siro San Román) en los versos, hemos seleccionado este inolvidable tango grabado en 1954.

“NUNCA MÁS”
TANGO
Música: Francisco Lomuto
Versos: Oscar Lomuto

En una noche de falsa alegría
tus ojos claros volví a recordar
y entre los tangos, el vino y la orgía,
busqué febril tu recuerdo matar.
Recordaba mi dicha sin igual
que a vos sola mi vida consagré,
pero ingrata te fuiste y en mi mal
triste y solo, cobarde, te lloré.

Eras
la ilusión de mi vida
toda
mi alegría y mi pasión.
Mala,
yo que te quise por buena
en tus dulces labios, nena,
me he quemado el corazón.
Linda,
muñequita mimosa,
siempre,
en mi corazón estás,
Nena,
acordate de la pena
que me dio tu boca, loca,
cuando dijo: ¡Nunca más!

Entre milongas y timbas, mi vida
pasando va estas horas inquietas,
de penas lleno, el alma oprimida,
pálido el rostro como una careta.
Arrepentida, nunca vuelvas, jamás
a pedir desolada mi perdón.
¡No olvides que al decirme nunca más,
me dejaste, mujer, sin corazón!…

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